miércoles, 13 de agosto de 2014

EL ABUELO DE PABLO IGLESIAS, SOCIALISTA, FUE REPRESALIADO POR EL FRANQUISMO: CONDENA A MUERTE CONMUTADA POR PRISIÓN

Se le acusó en juicio de haber dictado nueve ejecuciones como Presidente de un tribunal militar, pero en su favor hubo numerosos testimonios de falangistas
Aurora Moya | 13/08/2014
«Si los hombres nos conociéramos mejor, nos odiaríamos menos»  Así concluyó su alegato ante el Consejo Militar que le juzgó el día 27 de junio de 1939, en el Ayuntamiento de Úbeda, Manuel Iglesias Ramírez, socialista. Le llamaron chulo y fue condenado a muerte. En esa situación estuvo cinco meses hasta que la sentencia se condonó por prisión. En aquellos momentos de angustia no podía imaginar Manuel (fallecido en 1986) que muchos años más allá, en el 2014, un nieto suyo -de nombre Pablo- llegaría a ser diputado europeo y pondría en jaque la visión de la política tradicional con un partido nuevo.
La historia de Manuel Iglesias, el abuelo de Pablo Iglesias, líder de Podemos,  está escrita  en primera persona en un documento que el historiador Francisco Espinosa incluyó en su obra La represión franquista en Villafranca de los Barros (1936-1945).” Manuel Iglesias es un represaliado más,  con una historia apasionante” ha declarado a ELPLURAL.COM  Cecilio Gordillo responsable del Grupo de Trabajo Recuperando la Memoria de la Historia Social de Andalucía y coordinador de la web Todos los nombres.org que ha incluido la historia del socialista represaliado.
Manuel Iglesias,
el abuelo de Pablo Iglesias

De las  Juventudes Socialistas
Manuel Iglesias nació en 1913 en Villafranca de los Barros (Badajoz) en el seno de una familia modesta. Cursó  Derecho en  la Universidad de Sevilla en 1929 y en octubre de ese año ingresó en las Juventudes Socialistas sevillanas.  Fue nombrado presidente de la Federación Universitaria Escolar desde 1932 a 1934.
Telonero con Nelken y Pittaluga
“Hice, como «telonero», las tres campañas electorales de la República por la provincia de Badajoz. La primera (1931) con Margarita Nelken  y D. Gustavo Pittaluga, el microbiólogo universal. La segunda (1933) con la Nelken y Juan Simeón Vidarte, y la tercera (1936) con la Nelken, Juan Simeón Vidarte Franco-Romero y Ricardo Zabalza Elorga”, explica en el documento que sus hijos facilitaron al historiador.
Detenido por la huelga de Asturias
Se licenció en Derecho y en Historia de América en 1934 y  en septiembre de ese año “fui detenido por primera vez en mi vida como consecuencia de la huelga revolucionaria de Asturias, contra la que voté en el seno del Partido.”
No se quiso unificar
“Cuando se produjo la unificación de las juventudes socialista y comunistas, no me quise unificar, seguí siendo simplemente socialista. Fui  tachado de socialfascista y besteirista, pese a haber militado, dentro de la F.U.E., en el B.E.O.R. (Bloque Estudiantil de Oposición Revolucionaria) que dirigían Fernando Claudín y Manolo Tagüeña ambos separados del Partido Comunista”
Los fusiles del año catapúm
La guerra civil le cogió en Madrid. “El día 22 de julio de 1936 fui convocado por Margarita Nelken y Jesús de Miguel, ambos diputados por Badajoz, en la Ciudad Universitaria, y allí se me entregaron 75 fusiles del año catapúm, para que los llevara al pueblo, y con ellos hacer frente a los moros y al tercio, que, mandados por el Comandante Castejón, subían de Sevilla a Badajoz”, continúa en el escrito.
“Huimos a la desbandada”
“A las órdenes del Coronel Puigdengolas, les hicimos frente a las fuerzas fascistas en la Sierra de San Jorge, en los Santos de Maimona. Al primer choque, aquellos hombres, entrenados y aguerridos, nos disolvieron y nos hicieron huir a la desbandada. Yo tomé el último tren que salía de Mérida para Madrid, y a eso le debo la vida”.
Acompañando a la guardia civil
Sobre su juicio militar afirma: “En la sentencia que se dictó contra mí, se dice que, en estos días, yo asalté el Cuartel de la Guardia Civil de mi pueblo. Yo solito, frente a un gran número de guardias. Nada más lejos de la verdad: Para evitar un día de luto, invité a los guardias civiles a que, uno a uno y acompañados por mí, fuéramos a las casas de las familias amigas de ellos que me señalaran y que permanecieran allí. Así lo hicimos y la cosa resultó bien”
Los muertos de los fascistas
Señala que “En Villafranca de los Barros, entre los días 18 de julio y 6 de agosto de 1936 no se mató a ninguna persona de derechas, ni tampoco luego”. Los únicos muertos de Villafranca fueron Paco Corredera y Hernández Prieto, ambos de Falange, que al huir de nuestro pueblo fueron asesinados en Fuente del Maestre. Pese a esto cuando entraron las fuerzas fascistas en mi pueblo asesinaron a más de 600 personas”.
Oposiciones para ser legal
Ya en Madrid. Indalecio Prieto le nombraría Teniente Auditor para Aragón, a las órdenes directas del general Pozas. Dice Iglesias que no quería ocupar un puesto por designación directa así que opositó y consiguió la plaza “como Secretario Relator, al Tribunal del VI Cuerpo de Ejército”. Posteriormente le nombraron Auditor-Presidente del Tribunal Militar radicado en Úbeda.
“Nunca causé mal”
“Conquisté amigos en todos los bandos, porque yo jamás, conscientemente, he causado mal a ninguna persona, pensare como pensare. Mantuve, eso sí, la máxima disciplina en mi Cuerpo de Ejército, pero siempre a través del Código”.  Con la victoria franquista, Iglesias es juzgado y condenado en Consejo Militar.
Los versos de Machado
“En el juicio, el Fiscal, para probar que yo, desde el punto de vista religioso no era un creyente –¡que sí lo soy!– me atribuyó unos versos de Antonio Machado «A la muerte de Giner»: «Yunques sonad, enmudeced campanas», que yo había traído a colación en el periódico «Democracia» de Jaén cuando murió en Francia D. Antonio”, rememoraba.
Testimonios de Falange a su favor
En su libro,  Francisco Espinosa Maestre señala que en el juicio se acusó a Iglesias de que siendo presidente del Tribunal Permanente del IX Cuerpo de Ejército desde marzo de 1938  tuvo que intervenir en unas 650 causas, y dictó nueve sentencias de muerte.  Pero frente a esas afirmaciones el autor señala que se produjeron numerosos testimonios de personas de Falange (como el abogado Ezequiel Puig Maestre Amado) hablando a su favor por haberse portado con justicia  y desmontando las acusaciones realizadas.
“Yo soy socialista humanista”
“En la sentencia contra mí dictada se dice que soy un marxista ortodoxo desde mis más tiernos años. Lo que tampoco es cierto, porque yo soy, desde los 16 años, un socialista humanista, en la línea de los Pablo Iglesias, Jaime Vera, Fernando de los Ríos, Besteiro y todos aquellos hombres trabajadores que desde Llaneza a Saborit, pasando por Trifón Gómez y Lucio Martínez, siguieron las normas éticas del P.S.O.E”, dejó escrito  Manuel Iglesias.
Odio a las dictaduras de sable y de partido
Tras salir de la cárcel consiguió un trabajo y tuvo  seis hijos, todos con carreras universitarias.  En su breve biografía, señala: “Sigo tan pobre como cuando nací y lo único que odio en este mundo son las dictaduras, lo mismo las del sable que las del partido. Mi libertad termina donde empieza la tuya y viceversa. Socialista humanista antes y ahora… Aquí estoy otra vez”.
El mito de Eróstrato
Y reflexiona al final  Manuel Iglesias: “Mi lucha en la clandestinidad arranca de 1946 y poseo, de esa fecha, el carnet nº 17. Ahora, se me nubla la vista cuando veo a tantos jóvenes y no jóvenes, arrogantes y en posesión de la verdad –«su verdad»– de ambiciones personales. Ha vuelto a surgir el mito de Eróstrato. Éste incendió el templo de Diana para pasar a la historia; en este momento de España, los advenedizos matan a su madre para salir en los periódicos y ser jefecillos de facciones. Hay mucho impudor y desvergüenza”. De casta le viene al galgo.







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